“EL TIEMPO DE REFORMAR LAS COSAS”

¿Sabía usted que en Jesucristo hombre se cumple la segunda venida de Cristo, y con él, llegó el tiempo de reformar todas las cosas?

La carta a los Hebreos no tenía sentido sino hasta que llegó Jesucristo hombre a explicarla. Hoy, él nos dice que en el capítulo 9 de Hebreos hay un ejemplo de lo que era el santuario.

Habla del atrio, del lugar Santo y del lugar Santísimo que es donde entraba el sacerdote una vez al año para interceder por los pecados del pueblo. Ahora, eso no sirve para nada en el nuevo pacto, pero es lo que se ha predicado por dos mil años. Por eso en Hebreos 9: 9 al 11 dice que todo eso es “SÍMBOLO” para el tiempo presente, que no pueden hacer perfecto en cuanto a la conciencia al que practica ese “CULTO” (bebidas, comidas, abluciones). Eso estuvo impuesto hasta el “tiempo de reformar las cosas”.  

La pregunta es: ¿Cuál es el tiempo de reformar las cosas? Porque eso tuvo que haberse realizado hace dos mil años atrás cuando Cristo murió; allí comenzaron los bienes venideros y a reformarse las cosas; pero por alguna razón se congeló el tiempo; por eso Pablo dijo que el tiempo es un “rudimento”. Según Hebreos  9, los que practican sacrificios y ofrendas no obtienen perfección (verso 9). Solo la gracia nos quita la mala conciencia, para eso hay que circuncidarnos la mente. La conciencia ya está limpia, pero el cuerpo de humillación será (futuro) transformado (Filipenses 3: 21); ya que este cuerpo molesta y nos humilla con sus debilidades.

Quiere decir que hay una perfección que el mundo religioso no ha experimentado. ¿Por qué? Porque ellos todavía ayunan, piensan que la salvación se pierde, que el diablo existe y que hay pecado. ¿Por qué? Porque no sienten la perfección. ¿Cómo un ser perfecto se va a perder? Somos igual a Dios, eso nos da limpia conciencia. Ahora, si eso sucedió hace dos mil años, ¿por qué nadie estaba perfeccionado en espíritu? Solo Pablo, pero lo mataron en Roma y eso trajo consecuencias: Entrarían “lobos rapaces” (los apóstoles) que no perdonarían al rebaño, enseñarían que hay pecado y tendrían mala conciencia (Hechos 20: 28 y 29). En el nuevo pacto no hay pecado. Con Adán entró la conciencia de pecado pero Cristo la quitó en la cruz, y nos dio la CIENCIA con el conocimiento del mal. Por eso el tiempo de reformar las cosas llegó estando “presente” Cristo (Hebreos 9: 11).

“Presente” significa tener un cuerpo, una presencia corporal; por eso él en su llegada, activaría lo que ocurrió hace dos mil años, juzgaría y aclararía lo oculto (1ra., a los Corintios 4: 5). Él haría justicia, y como Hijo del Hombre, él no hallaría fe en la tierra (Lucas 18: 8). Él sería el Consolador, el Espíritu Santo (es una enseñanza, no una paloma), ya que nos enseñaría todas las cosas (Juan 14: 25, 26).

Por eso no hay que altercar con Dios (Romanos 9: 20 al 25), porque a él le plació meterse en el velo llamado José Luis De Jesús Miranda, Jesucristo hombre, que es el único que posee la mente de Cristo en la tierra.  

Recibimos que desde hoy usted sabe el Consolador ya llegó y vive en Miami.

Apreciado Lector: Declaramos que sus ojos son alumbrados y corre la voz que Dios ya está en la tierra, él nos está enseñando todas las cosas.  
Bendecidos.

 

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